Entradas escritas en agosto de 2010 ↓

La garganta de mármol

Hace doscientos millones de años Taiwán no existía. Era un trozo de mar con un fondo rico en sedimentos minerales. La conocida actividad geológica en la zona, perteneciente al anillo de fuego del pacífico apretaba y empujaba hacia arriba estos sedimentos. Cien millones de años tuvieron que pasar hasta formarse montañas de dos y tres mil metros de altura. Montañas de mármol sobre las que crecieron densas junglas ayudadas por los vientos de la china y los tifones del pacífico. Y un río. El río Liwu, que con mucha paciencia (tiempo no le faltaba) fue erosionando poco a poco el mármol hasta horadar un increíble y admirable surco serpenteante.

Taroko gorge

El Parque Nacional de Taroko es el lugar más visitado de Taiwán. Afortunadamente el calor extremo, el hecho de ser fin de semana y haber ido temprano facilitaron mucho las cosas. El parque básicamente está recorrido por una carretera de veintitantos kilómetros que desde la costa se adentra en las profundidades de la Isla Formosa. Todo comienza con una puerta típica china indicando la entrada a este increíble lugar.

Entrance to Taroko National Park

La puerta no tiene nada que ver con lo que viene detrás, no avisa que si cruzas su umbral te verás capturado y querrás seguir adentrándote, recorrer las decenas de caminos secundarios que surgen, meterse incluso por aquellos que necesitan permiso policial, no por peligrosos (que también), sino por preservar de las hordas de turistas a los nativos de ascendencia polinesia que aún viven en la zona.

Como mejor se recorre este lugar es a tu aire. Por favor, no vengáis aquí en un circuito turístico, es perder el tiempo subiéndose y bajándose del autocar sólo cuando te lo permiten, sólo donde hay espacio suficiente para que decenas de ellos aparquen a la vez, sólo donde colocan puestecitos de agua, helados y falsa artesanía aborígen a precios tan altos como las montañas que rodean. Para disfrutarlo de verdad hay que ir en tu propio vehículo, ya sea con cuatros, dos o cero ruedas, porque muchos deciden hacerlo andando.

Taroko Gorge

Taroko gorge

Las aguas del río Liwu son cristalinas, claras, pero llenas de fuerza. Sin embargo recomiendan no bañarse en ellas por precaución y por conservación del medio ambiente. Pero ya comenté que los taiwaneses son mayoritariamente chinos que interpretan las normas a su manera y como decía la guía tienen una curiosa forma de pensar:

There are some lovely spots for swimming and river tracing, just do these activities out of sight of regular tourists as many Taiwanese can’t swim, but for some reason think water is safe when they see other in it. Summer drownings are in the hundreds every year as a result.

Pues lo dicho, cuidadito donde se baña uno, que no es cuestión de ir dejando restos en un lugar tan bonito.

Taroko rivers

Taroko rivers

Feet cleaning fishes

Taroko rivers

Taroko rivers

Como veis yo actué como un Taiwanés y me refresqué en una poza de medio metro de profundidad donde el único riesgo era recibir un tratamiento gratuito de defoliación por los peces.

A poco que te alejabas del camino principal los senderos se vaciaban de gente, cosa de las prisas de algunos y para mi regocijo.

Taroko trail

Taroko bridges

Taroko hanging bridge

Un par de horas más tarde decido dar media vuelta en el camino que nunca se acaba, recoger las dos ruedas que había aparcado en una esquinita, y seguir por la carretera tierra adentro. No siempre hubo carretera, curiosamente fueron los japoneses quienes en la primera mitad del siglo XX motivaron su construcción para acceder a los ricos minerales del lugar. Aunque quizá tan sólo estaban preparando el camino para que sus descendientes lo tuvieran más fácil, viajando en dóciles rebaños que corean al unísono sonidos como uuoooooo, eeeeeeiiiiii, sugoooooooi. Quienes los conocéis podéis entenderme ;).

La carretera está construída sobre puentes más o menos nuevos, a través de túneles más o menos antiguos, asomándose a precipicios más o menos altos, y en algunos puntos estrechándose lo suficiente como para que con un poco de suerte los conductores chinos no logren ponerse de acuerdo de quién pasa primero y se formen atascos kilométricos.

Taroko bridges

Taroko bridges

Taroko gorge

Taroko trail

Yo iba en moto, así que algún eventual atasco se solucionó rápidamente. El casco no me lo quitaba de encima nunca. Ni siquiera recorriendo los caminos. Recordemos que en la zona se dan cita fuertes vientos y terremotos, así que en cualquier momento se te puede caer encima un trozo de montaña, literalmente. El día en que yo estuve sucedió un derrumbe en uno de los tramos más bonitos, el túnel de las nueve curvas. Durante todo el día no paraban de llover rocas que a su vez empujaban a otras mayores y caían sobre un tramo de carretera. El destrozo que produjeron fue notable, y afortunadamente las única consecuencia fue verme privado de admirar uno de los lugares más estrechos de la garganta. Lo más que conseguí acercarme es con un poco de zoom de mi cámara. ¡Notad el derrumbe en acción!

Taroko falling rocks

Taroko falling rocks

Las rocas no paran

(No, las rocas no paran su caída)

Y entre montaña y montaña varios templos salteados. Algunos de monjes de clausura, otros dedicados a los constructores de la carretera, y muchos que seguro tienen sus historias pero que no me enteré de ellas.

Taroko Shrines

Taroko gorge

Taroko shrines

Mi recomendación es que nadie que vaya a Taiwán deje de visitar Taroko (siempre que haga buen tiempo, por supuesto). Queda a unos 200km de Taipei, y madrugando lo suficiente se puede organizar una visita de ida y vuelta en el mismo día. Tiene una estación de tren no muy lejos de la entrada donde además es fácil alquilar un coche, moto o bici, o por no mucho más del alquiler de las cuatro ruedas contratar todo el día a un taxi que te pare donde quieras.

Taroko sólo es un ejemplo, Taiwán tiene mucho más de lo que parece. Ya veréis cuando publique otro post con rincones que ni siquiera aparecen en las guías… Así que si alguien se está plateando irse de vacaciones allá, que no se lo piense demasiado.

Taroko gorge

Objetos perdidos

Me costó enterarme qué era todo ese bullicio en medio de la Estación Central de tren de Taipei. Un hombre subido en una silla con algo en la mano. Los de alrededor, diciendo de vez en cuando algo. Obviamente er una subasta, pero no me quedaba muy claro qué iban a subastar en una estación de trenes.

Subasta en la estación de tren

Son los objetos perdidos u olvidados en el tren. Dos veces al año hacen una subasta pública y se los queda el mejor postor. Supongo que después de haber dado tiempo suficiente a que apareciera el dueño. Así que quizá ahora estarían subastando los objetos perdidos entre hace 12 y 6 meses.

La gracia está en que no se puede comprobar nada, lo muestran de forma aséptica y a veces incluso a ciegas. El móvil sin saber si funciona o no; las bolsas y mochilas sin abrir; e incluso los objetos sueltos (pulseras, gafas, etc) los esconden en una bolsa de papel para añadir emoción.

Subasta en la estación de tren

No se acaba pagando demasiado por las cosas. La mayoría no superan tres o cuatro euros de precio final. Lo más codiciado son las mochilas, que pueden llegar hasta diez euros. Cuando alguien consigue algo, los que tiene a su alrededor se mueren de la curiosidad por ver el contenido de la bolsa. Puede ser desde ropa sucia hasta ¡un portátil!.

Subasta en la estación de tren

En Japón guardan los objetos perdidos por unos meses (creo que eran 6) y si no encuentran al dueño en ese tiempo, el que se lo encontró tiene la opción de quedárselos. Aunque claro, supongo que los que se encuentre el operario del tren no entrarán en esa dinámica, como tampoco aquellos con los que se pueda identificar a la persona.

Yo he perdido varias cosas en este país. Primero fue la cartera al pagar en un centro comercial. Me estuvieron llamando por la megafonía, pero como acababa de llegar a Japón ni me percaté, sólo la eché en falta cuando llegué a casa, entonces volví y me la devolvieron. Al día siguiente me enteraría que mi profesor estaba a esas horas por el mismo centro comercial, y él sí que escuchó el mensaje y bromeó con alguien acerca de que era su nuevo alumno y que no me iba a enterar porque no tenía ni idea de japonés.

Otra vez fue cuando me dejé la cámara de fotos compacta en un albergue de la isla de Sado. Contacté unas horas después de irme y más o menos les entendí que me la iban a enviar a casa. A los dos o tres días recibo en casa una notificación un tanto peculiar, lo descifro como puedo y vuelven a hacer otro intento de entrega. Recupero la cámara :). Lo bueno de llevar casi dos años en Japón es que ya no me asusta recibir en mi buzón cosas como esta:

La tercera vez fue hace apenas unos meses, y me di cuenta a ser porque recibí una carta de la policía de la prefectura de Akita (700 km al norte de Tokyo) donde me dicen que han encontrado mi tarjeta de Alien, y que me pase a buscarla cuando quiera. Como si fuera un chiste. Alien, perdiste tu tarjeta, Akitá. Resulta se me cayó en el Shinkansen y llegó hasta el final de la línea. Al final conseguí hacerles entender que me pillaba un poco a desmano pasarme por allí (34.000¥ ≈ 300€ ida y vuelta en tren) y que si me la podían enviar. Así hicieron… menos mal… la verdad es que si no hubiera dicho que se me ha perdido y tras unas pocas reverencias de perdón en el ayuntamiento de aquí te emiten otra.

Por otra parte yo también he devuelto cosas perdidas. Sin duda la más llamativa fue un reloj de pulsera con pinta de valer varios cientos de euros. Voy a la Koban (comisaría de policía) y al ser un objeto de valor no les vale con devolverlo y listo, sino que tienes que rellenar un montón de papeleo. Aparte de mis datos personales me preguntan que cuándo lo encontré -hace ocho días-, a qué hora -a las cinco de la mañana-, y dónde -en la cima del Monte Fuji-. Ojos a cuadros. Tratan de decirme algo pero no entiendo. Llaman a la central y me ponen con un intérprete en inglés. Resulta que por haber tardado más de una semana en devolverlo, si no acaban por encontrar al dueño no tengo derecho a que me lo den porque lo he hecho a mala fé, para quedármelo, porque sabía que el dueño ya debe haber preguntado por su reloj y que no va a volver a preguntar por él. Que no lo vuelva a hacer, pero que muchas gracias por entregarlo. Pues de nada. Me encanta la forma de pensar de algunos japoneses.

Taipei y su creador de skyline

Taipei. Hasta ahora no había pensado en esta ciudad más allá de la publicidad que veía en las agencias de viajes japonesas. No me imaginaba como sería. Así que lo tomé como un juego, llegar a la ciudad y empezar a descubrirla por mi cuenta. Y eso fue lo que me atrajo aquí, aparte claro está de la necesidad vital de escapar de Japón de vez en cuando.

Surfeando en un mar rizado

Esquivando grácilmente preciosos cúmulonimbos un piloto mexicano viviendo en Singapur consiguió aterrizar en Taipei el pequeño A320 de JetStar. Pequeño digo yo… es que me tienen mal acostumbrado en Asia con tanto widebody. El mexicano tan simpático me permitió olisquear un poco por la cabina, hacía años que no pasaba a una, últimamente están demasiado paranoicos con los temas de la seguridad. Mi única arma, la cámara colgada del hombro.

Piloto mexicano en JetStar

Después un recorrido de una hora en autobus con pantallas individuales (¡lo nunca visto!, porque ni una funcionaba), llegué a Taipei city ya con todas las estrellas en el cielo y los neones encendidos colgando de las paredes. Si sólo son las 7pm. Y es verano. Aún no entiendo cómo en algunos sitios pueden vivir haciéndose de noche tan pronto.

Taipei de noche

Estaba cansado, así que me fui al hostal que había reservado un par de días antes: The meeting place. Lo elegí porque el nombre me gustó y además era el más barato de la ciudad. Una vez allí me encontré con una cálida bienvenida. Los dueños muy simpáticos, y el local tremendamente amplio, con espacio suficiente para poner un proyector y ver películas en una pared de 4m de ancho. Aunque lo mejor de todo, la gente que por ahí andaba: un carnicero australiano más joven que yo, unas coreanas con miedo a la noche y varios norteamericanos con sus peculiaridades varias. Un lugar 100% recomendable.

The meeting place (Hostel)

The meeting place (Hostel)

The Meeting Place, Taipei Hostel

Y a descubrir la ciudad. Con mucho calor, pero con puestecitos para reponer líquidos en cada esquina. Algunos tenían menú en inglés, otros no. Bueno, da igual, pues elijo ESTE (digo señalando uno cualquiera). Y sorpresa. A veces acertaba, otras no tanto. A pesar del calorazo la gente no deja de hacer yoga en los parques por las mañanas. Quizá les refresque. Quizá debería planteármelo.

Cafetería callejera

Yoga por la mañana

Yoga a mediodía

Sigamos perdiéndonos siguiendo las grandes avenidas hasta el infinito, merodeando las calles de los alrededores, y escudriñando hasta el último callejón. Cualquier lugar era nuevo para mí, así que merecía la pena aventurarse.

eTaipei

Bonito lane

Callejón sin salida

7 días a la semana

A veces cuando no sabía dónde estaba decidía mirar hacia arriba, buscando el Sol. Demasiado alto aún. No merece la pena ver el mapa. Sigamos por allá, que parece que hay una calle con soportales (¡sombra!). Tan pronto aparecía en un mercado de verduras como en un barrio señorial.

Mercado

Otro rincón de Taipei

Taipei, como otras muchas ciudades asiáticas, no tiene centro, sino varias zonas que podríamos catalogar como importantes: Main Station, Ximen, el palacio presidencial, un memorial a nosequien (como lea esto un taiwanés…), el zoológico, etc.

Ximen

Ximen

Chiang Kai Shek Memorial Hall

Memorial

Chiang Kai Shek Memorial Hall

Chiang Kai Shek Memorial Hall

Uno de los mejores lugares que visité está hacia el sur de la ciudad, hay un teleférico en el que por poco más de 1€ te lleva durante 30 minutos de montaña en montaña. Silencio, relax, sólo el bosque a tu alrededor, y a lo lejos, los edificios que cada vez se hacen más y más pequeños a medida que el Sol cae sobre ellos.

Taipei gondolas

Sunset in Taipei

Oscureció. La noche en Taipei es de los mercados nocturnos. Me dieron una lista con más de veinte de ellos… tranquilo, me digo… no pienso visitar tantos. Iré a los que me vengan bien, o a los que se me crucen por el camino. En los mercados vendían ropa, comida, e incluso te podías jugar unos pocos dólares disparando a globos. Lo más extraño que probé… tomates caramelizados.

Mercado nocturno

Mercado nocturno

Mercado nocturno

Dejo para el final el Taipei 101, un edificio de tantas plantas como dálmatas en la película. Increíblemente enorme. La vista se pierde contando los niveles de la especie de pagoda que simula.

Taipei 101

Taipei 101, el más alto

Taipei 101

Taipei 101

Taipei 101

Subir es fácil y rápido. Tardas más en pagar los casi 400 dólares de taiwán (10€) que cuesta la entrada, y no porque te lo pienses dos veces (¡hay que subir sí o sí!) sino porque el ascensor te eleva a medio kilómetro de altura en menos de 40 segundos. Los oídos no lo notan porque un sistema de presurización cambia la presión de forma gradual. Una vez arriba… Taipei a tus pies.

SimCity Taipei

From Taipei 101

(¡con terraza al aire libre!)

Este edificio ya ha tenido que sufrir varios terremotos y superar el paso de no pocos tifones. Lo protege un enorme péndulo metálico que absorve y compensa las vibraciones que pudieran ocurrir. A partir de ahora podéis pegarle patadas al edificio que ni se va a inmutar (Godzilla, King Kong y otras bestias similares por favor abstenerse).

Taipei 101 mass damper ball

(para los arquitectos, aquí podéis verla en acción)

Con esto termino con Taipei. El edificio es todo un símbolo para la ciudad. Casi todas las ciudades tienen algo que las identifica de esta forma. Torre Eiffel, Big Ben, Estatua de la Libertad, Tokyo Tower, Sagrada Familia…. me da pena que Madrid no tenga algo que la identifique. Un creador de Skyline.

Taipei skyline

Taiwán huele a China

Taiwán tiene un olor distinto. A medida que más viajo más me doy cuenta de cómo cada país o incluso cada ciudad tiene un olor característico. Un olor que no puedes recordar bien, pero que cuando estas, lo identificas claramente. Y a mi Taiwán me olía a China. Pero no es China.

Taipei colorido

Y eso a pesar de que se esfuercen en hacerte creer que estás en China, porque nada más pasar por el control fronterizo te estampan un bonito sello en el pasaporte que pone “ROC” (Republic of China). La historia política de Taiwán daría para un post entero, sólo os digo que desde esa islita reivindican el control de toda China continental. Por tanto si un país reconoce a Taiwán, también reconoce sus derechos de soberanía, y entonces tanto China (la República Popular China) se enfada. Así que se traen unos líos enormes, desde la ONU hasta los prefijos telefónicos.

De todas formas en el fondo tienen la misma sangre. Taiwán está lleno de lo que habitualmente llamamos chinos. Es decir, personas asiáticas de la etnia Han, que ya de paso y por curiosidad, son uno de cada cinco terrícolas (en mi familia somos cinco, y me temo que me toca a mi ser el chino). El caso, los Han son el 98% de los taiwaneses, una proporción incluso mayor que en China continental (92%) [ver comentario de Jen para más detalles]. Resumiendo, Taiwán está lleno de chinos, pero no es China, pero se hacen llamar “República de China”.

¿Y cómo se comportan?, pues me alegró ver que no dejan de lado sus orígenes chinos y, sin llegar a ser maleducados ni groseros, son bastante más abiertos y permisivos que otras razas de ojos rasgados que encontramos por estas tierras. Por ejemplo, nunca los veremos con la barriga al aire para transpirar mejor (lo vi en China), pero no se cortan a la hora de subirse al tren cargados de comida y bebida para amenizar el viaje, incluídos esos huevos fermentados en salsa de soja con vinagre que venden en todos los convinis.

Taiwanés

Otra cosa que me sorprendió es que no te tienen miedo como occidental. No les importa echarte una mano si andas con el mapa del revés, o ayudarte con el equipaje para salir de un vagón de metro abarrotado. En cuanto al idioma, pues saben más o menos el mismo inglés que en Japón, pero ponen mucho más de su parte y al final consigues comunicarte con ellos, en parte porque muchos muestran interés en tí. Eso sí, las conversaciones resultan un poco repetitivas: nombre, edad, de dónde eres, ¿te gusta Taiwán?. El repertorio de vocabulario de inglés elemental no dá para muchas más combinaciones.

Boiled Stinky Tofu

Los niños se te quedan mirando con ojos como platos. Saben que eres un bicho raro. Sin vergüenza alguna te escudriñan de arriba a abajo con la mirada. Cuando les sacas la lengua para confirmarles que eres humano te responden con una sonrisa, y se vuelven hacia su madre para contarle el descubrimiento que acaban de hacer. La madre se gira hacia ti y también te sonríe, y una vez más la típica conversación se vuelve a repetir.

Mini taiwanés

Esto es Taiwán. Al menos sus gentes. El resto lo seguiré contando otros días, pero en resumen, mucho más de lo que me esperaba.

SimCity Taipei

No sabía nada de Taipei. Me levanté esa mañana apenas un par de horas después del amanecer (es decir, a las 6 de la mañana), una ducha rápida, cojo mapas y guías y salgo a la ciudad. Lo primero, desayunar en algún lugar local. Una especie de crepe de huevo frito y maíz con café con leche y hielo. Y mientras degusto esta delicia, busco en la guía qué hacer y a qué lugares ir, como quien lee un manual de instrucciones nada más abrir la caja, con el olor a nuevo en el ambiente.

Ese día me pateé la ciudad. A pata. No quería ir sólo a los puntos principales, quería jugar con la ciudad, descubrir qué hay donde no hay nada, conectar las estaciones de metro por mí mismo. Todo esto a pesar del calor, 39º a la sombra y una humedad aplastante. No paraba de sudar porque tampoco paraba de probar las distintas bebidas que me ofrecía la ciudad: zumos, tés, y otras cosas que no tengo claro dónde clasificar.

SimCiy Taipei

Después de un rato me di cuenta de que esta ciudad no era normal. Que me resultaba familiar. ¿Alguno ha jugado alguna vez a SimCity?. Estaba ahí dentro. Calles anchas junto a estrechos callejones. Edificios enormes por todas partes. Comisarías de policía, bomberos, etc. Y las calles, no llenas de gente, sino de Sims. Ahí está el detalle que me hizo percatarme de que estaba encerrado en un videojuego donde las sombras de las personas están pobremente renderizadas como simples figuras geométricas.

Strange people's shadow in Taipei

Strange people's shadow in Taipei

Strange people's shadow in Taipei

Strange people's shadow in Taipei

Strange people's shadow in Taipei

Strange people's shadow in Taipei

¿Qué iba a hacer para salir de ahí?… pues seguir jugando. Y así varios días y medias noches. Hasta que, por fin, conseguí llegar hasta la lo más alto en este videojuego, hasta el nivel 101. El premio final era mío.

Taipei 101

En breve os contaré más de Simcity Taipei.

I’m back, can you read my mind?

Ayer a las 4:40 de la mañana, puntual al segundo, el tren nocturno Moonlight Nagara abría sus puertas en la estación de Yokohama. Cargando un par de mochilas y medio dormido me deslizaba por el andén. Otra vez aquí. La gran ciudad de nuevo. Vuelta a la rutina. Aunque siempre quedarán las memorias, unas en forma de fotos, otras en forma de señales eléctricas por las neuronas. Las primeras las veréis en unos días, las otras no creo que podáis verlas, no pienso conectar mi oreja al puerto USB del ordenador, aunque trataré de hacerlo con el teclado (y no, no será dándome cabezazos ni cabezadas contra él).

Pues eso, volví sano y salvo y dispuesto a darlo todo. De hecho ya le he pegado otra revisión al paper. Y otra más que toca para este fin de semana. Son auto-revisiones antes de enseñárselo a los profesores, que seguro le encontrarán cientos de cosas a corregir (literalmente). Pero bueno, así se aprende.

Y mientras tanto os dejo con un videoclip muy divertido en Tokyo de la canción “Read my mind”.

Dando vueltas por Taiwan

Venga, vamos a dar alguna senal de vida. Ahora mismo estoy descubriendo la provincia Taiwanesa de Hualien (este de la isla, la zona mas despoblada pero con mas zonas naturales). Y la mejor forma de hacerlo es teniendo un par de ruedas con las que poder moverse libremente.

Esta vezla moto es mas potente que cuando alquile una en la coreana isla de Jeju. No tengo ni idea de cuantos cc tendra, pero se nota el empuje cuando le retuerces el extremo del manillar. El caso es que ni siquiera me han comprobado el carnet de conducir para poder alquilarla (no lo entendian a pesar de estar traducido a varios idiomas). Al final a los de la tienda les basto con pagarles por adelantado (10E por dia), mi nombre y firmar en un papel con muchas cosas escritas en chino. Me parece un buen trato: tu no entiendes mi licencia y yo no entiendo tu contrato pero los dos quedamos contentos.