Correos japoneses: una caja de sorpresas

Cuando creía que ya lo tenía todo controlado acerca de los correos japoneses, esta mañana me he vuelto a topar con el desconocimiento de nuevas normas y medidas. Os cuento.

Mi intención, enviar un paquete con chucherías para que en casa se las tomen en Navidad junto al turrón. Ya sabéis a qué chucherías me refiero, cosas como calamar crudo reseco, patatas fritas dulces (con o sin chocolate), algas fritas en aceite, etc. En total me había salido un paquete tamaño caja mediana de Amazon con tres kilos y pico de peso.

Para estos envíos grandes lo suelo hacer por superficie, esto es, que llegan a su destino en barco, tren o camión, ya que a Toledo no pueden llegar los barcos desde hace varios millones de años. Es bastante barato enviar de esta forma, el problema de esto es que el envío viene a tardar 2-3 meses, y no es plan de que las chucherías navideñas lleguen allá por San Valentín. Por otra parte, el correo aéreo resulta demasiado caro aunque sólo tarda 1 semana. De forma que iba a probar por primera vez un tipo de envío intermedio en precio y prestaciones que se llama SAL (Surface Air Lifted), cuya traducción al castellano algo así como “superficial elevado en el aire”. Esto no quiere decir que Japan Post sea tan chulo como para hacer llegar el paquete en hovercraft, sino que el envío va siempre por superficie excepto el salto entre ambos países que se hace por aire. La verdad, resulta muy conveniente en envíos a la mayoría de países, ya que en la práctica va a tardar prácticamente lo mismo que el correo aéreo, que en el fondo también usa medios terrestres de distribución, ¿os imagináis al cartero dando toquecitos a la ventana desde un helicóptero?.

Bueno, volviendo al tema, me presento en la oficina de correos, y lo primero que me ofrecen es el correo express. Siete mil yenes. Más de veinte euros el kilo. Iba preparado y les digo que de eso nada, que lo quiero enviar por SAL. Veo que corrigen la cantidad a 6.150¥. Pero eso aún casi el doble de lo que esperaba pagar. Vista mi experiencia anterior remarco que no es una carta (por las que cobran más).

Y entonces llega el descubrimiento. Resulta que para que salga barato el contenido tiene que ser “material impreso”. Pero no puede ser una carta. En mi cabeza se empiezan a mezclar varias opciones ¿y si imprimo una carta?, ¿y si envío un libro escrito a mano?. Por lo visto la diferencia está en que contenga un mensaje personal dirigido a la otra persona o sea un contenido público (publicable).

Pero bueno, en este caso no aplica. Yo había dicho que estaba enviando “chucherías”. Aunque el paquete estaba cerrado, y no comprobaron nada, no era cuestión de ejercer de alquimista y transmutar las chucherías en libros. Pensando en la magia, y en cómo a veces las cosas pueden tomar rumbos inesperados cuando se te ocurren ideas extrañas, le pregunté a la dependienta que qué pasaba si reducía el paquete a 2kg (me sonaba que ese era el peso máximo de una carta). La dependienta mira sus tablas, y me dice que entonces el paquete me costaría 2.080¥, que viene a ser la mitad de precio por kilo. Echo un ojo a las tablas y veo que la tarifa es muy sencilla, 1g = 1¥, redondeando al alza en escalones de 100g y sumándole 80¥ al resultado.

Miro a mi alrededor y veo colgadas de la pared las cajas oficiales de JPost. Tres tamaños. A ojímetro con una grande y una mediana podría conseguir mi objetivo de reducir el envío a partes menores de 2kg. Le comunico mis intenciones a la chica, y mirándome un poco extrañada me dice que la caja grande no puede enviarse porque mide un poco más de 90cm sumando sus dimensiones (alto+ancho+profundidad), el límite de tamaño para una carta. No hay problema, entonces dame tres cajas medianas. Reorganizo todas las cosas, y como normalmente lo más voluminoso es lo que menos pesa, dos de los paquetes resultantes acaban pesando menos de 1kg y el tercero 2050g. Obviamente no me lo acepta, me he pasado en 50g.  No hay problema, sobre todo porque me había asegurado de no cerrar las cajas. De forma que saco un paquete de galletas en almíbar y lo encajo en un huequito al abrigo de los calamares resecos de una de las cajas más ligeras. Ahora sí, tres cajas de menos de 2kg cada una.

En condiciones normales le hubiera puesto diez o quince sellos a cada caja para que quedasen bonitas (me encanta hacer envíos con sellos de verdad, no con esas pegatinas que ponen en correos), pero no era plan de entretenerme más de los cuarenta minutos que ya llevaba allí.

Al final el coste total del envío, incluyendo la compra de las tres cajas y teniendo en cuenta el consiguiente aumento de peso, ha sido de 4660¥. Un ahorro de 1500¥ (casi 15€) sobre la tarifa más barata de enviarlo todo junto. Quizá a algunos no os hubiera merecido la pena, pero en mi caso me encanta optimizar recursos al máximo, buscar el camino más corto entre dos puntos, la combinación de trenes ideal para llegar la estación X, etc. Y por eso soy (aún casi) ingeniero. Además, he aprendido un montón de cosas que me serán bien útiles cuando tenga que hacer la mudanza dentro de unos meses, y que potencialmente podrían servir a alguno de los que me leéis.

Para acabar de rematar el post, os pongo las diez tarifas que existen, todas ellas diferentes, para enviar un paquete de 2kg de Japón a España:

  • Carta Exprés: 4600¥
  • Carta por aire: 3410¥
  • Carta por superficie: 2930¥
  • Paquete pequeño por aire: 2760¥
  • Paquete pequeño SAL: 2080¥
  • Paquete pequeño por superficie: 1080¥
  • Paquete por aire: 5050¥
  • Paquete SAL: 3850¥
  • Paquete por superficie: 2350¥
  • Material impreso de tercera clase por superficie: 540¥

Y para más info, echad un ojo al calculador de tarifas de Japan Post.