Respondo al correo un poco tarde, contesto a los comentarios on una semana de retraso, y escribo en el blog…. para avisar de que sigo vivo.
Pues eso, que sigo vivo, y que no esperéis muchas más actualizaciones en los próximos 10 días.
2 de Marzo de 2010 — Personal
Respondo al correo un poco tarde, contesto a los comentarios on una semana de retraso, y escribo en el blog…. para avisar de que sigo vivo.
Pues eso, que sigo vivo, y que no esperéis muchas más actualizaciones en los próximos 10 días.
5 de Febrero de 2010 — Personal, Viajes
Vamos a darnos otro paseíto por las nubes. Primero diez horas, hartándome a ver nieve Siberiana donde viven pastores que por la noche hacen hogueras y saludan a los aviones (según alguien…), para aterrizar en el frío Moscú, con máximas previstas de -11ºC. Luego, y si no pierdo la conexión porque ya salimos con una hora de retraso, cinco horas más por el ya tan conocido cielo Europeo, atravesando Europa de punta a punta, hasta llegar a Madrid por la noche.
Si queréis seguirme la pista, os paso el link a la información de los vuelos:
Y bueno, llevo aquí un rato por el aeropuerto, y como ya me lo medio conozco me he venido a un rinconcito donde sé que se pilla la WiFi de la sala VIP de United :D. Pero antes he subido a la terraza para ver y hacer unas pocos fotos a los bichos voladores.
He llegado al aeropuerto con más de tres horas de antelación para facturar de los primeros, y es que aunque no tenia una báscula a mano, la intuición me decía que me había pasado. Y así fue. Por si acaso llevaba una lista mental de cosas a desechar antes que pagar 30€ por Kg extra que me cobrarían. Pero no ha hecho falta :D. Al final, la maleta grande ha pesado 27Kg, lo único que he facturado, pero aparte llevo un trolley de unos 10kg, la mochila con la cámara y el portátil (~5kg), y los bolsillos del abrigo llenos de piedras.
La mayoría de las cosas son para ya dejarlas en casa, porque en abril voy a tener que hacer mudanza y ya me traigo de vuelta cosas que no ya no voy a necesitar (libros, apuntes, algún par de zapatos). Las piedras es caso aparte. Las tengo desde hace unos cuantos meses y aunque ya envié unas pocas por correo ahora me traigo el resto. No son piedras normales, bueno, sí lo son, pero de lugares especiales :D. Pero bueno, los norteamericanos que se ven por el aeropuerto llevan el peso de piel para adentro, y yo prefiero llevarlo de piel para afuera (y aún así, estoy seguro de que me ganan).
Por cierto, veo que hay un jetstream un poco raro sobre Rusia… a ver si el vuelo se pone interesante, que llevo como veinte vuelos sin notar ni una sola turbulencia, y eso aburre :(.
Pues eso, me voy. Buscadme entre las nubes.
1 de Febrero de 2010 — Japón
31 de Enero de 2010 — Viajes
Pusan, Busan, 부산, 釜山, nunca me queda claro cómo llamar a esta ciudad. La llamaré Pusan porque así la he llamado todo el tiempo que he estado en Corea.
Pusan es la segunda ciudad de Corea del Sur, una ciudad de mar, con vistas al mar de Japón. Apenas sé de la ciudad que fue refugio de los coreanos cuando hace 60 años a los del norte se le cruzaron los cables e invadieron el sur. Por esta vez se libró, porque anteriormente había servido como puerta de entrada de los japoneses hacia Corea, China, Rusia, y a saber hasta dónde hubieran llegado. Se desmadraron después de que les enseñasen un poco de mundo, tras un par de siglos encerrados en sus islas (para protegerse de los ataques a su cultura).
A lo que iba. Pusan NO es una ciudad rodeada de montañas, es una ciudad que rodea montañas. Así, de buenas a primeras te encuentras con un monte de unos pocos cientos de metros en medio de la ciudad. Es una ciudad desperdigada, desarrollada de forma lineal a lo largo de la costa y entre montañas (a veces forma anillos).
Durante los tres días que estuve en Pusán no hice otra cosa que pateármela de extremo a extremo, metiéndome tanto por las callejuelas más oscuras y solitarias como por los mercados más concurridos. Me sorprendió lo viva que está la ciudad, gente por todas partes, un montón de carteles publicitarios y neones que intentan atraerte a saber dónde (aún no leo coreno, pero no es complicado).
Como siempre, los coreanos menos tímidos que los japoneses, y de vez en cuando uno se ponía a hablar contigo con las cuatro palabras que acababa de aprender en la clase de inglés :D. El tema de conversación, en cuanto les dices que eres de España, acaba en si el Real Madrid o el Barcelona son mejores (y barça es más conocido), que si España ganó la copa de Europa hace un par de años (y no se acuerdan de lo que pasó en el mundial), o de que les encanta la paella de marisco.
Bueno, ahí van las fotos. Primero, las calles de día:
Ahora de noche, cuando los neones brillan y todos los gatos son pardos:
Las calles se llenan de publicidad por las noches. El suelo llega a no verse de la cantidad de papeles que hay. Al amanecer los limpian, pero siempre queda alguno. Es publicidad para tímidos, para que mientras vas cabizbajo andando por las calles la leas, y mires el mapa, y tus pies te dirijan hacia donde dan los supuestos “masajes”.
Mercados, muchos mercados. No te los encuentras por la calle, hay que alejarse un poco de los centros que tiene la ciudad. Allí te venden de todo, y especial mención tienen las sublimes algas kim, delgadas como el papel pero sabrosas como una ensalada de marisco, que se te deshacen en la boca rápidamente y el cuerpo te pide más, y más, muy adictivas, quien las ha probado lo sabe.
Gambas a granel… ¿para la sopa?
Kimchi, verduras fermentadas en salsa picante. Suena mal, así que no os lo comáis y dejádmelo todo para mi.
Capullos de gusanos de seda. La verdad estos no sé si serán para comérselos, hacer mantones de manila, criarlos, o a saber qué.
Y unas pocos fotos más de los mercados:
Y en los mercados también se come. No es que sea plan de comerse un pescado de esos así crudos (aunque podría hacerse), pero hay puestecitos que venden de todo, como pasteles rellenos de judías rojas, pasta de harina hervida, sopas de pescado, etc:
Más de Pusan, el templo Haedong Younggung, construído junto al mar. Un poco lejos porque queda a 1h o así del centro de la ciudad. Me hubiera gustado estar allí para el amanecer, o temprano en la mañana (fui al atardecer).
Y por último, la torre de Pusan. Tantas y tantas ciudades tienen torres turísticas. No suelo subir a ellas porque me parece que son demasiado caras, pero en esta me animé porque tenía un rato muerto (y no era tan cara).
Desde arriba, buenas vistas como la primera foto de este post, y un cartel en una de las ventanas que decía algo así como: si vienes con tu novia, dile que mire por esta ventana hacia abajo. Y contraviniendo al cartel voy yo me asomo:
Vaya, parece que la ciudad de Pusan me quiere.
Pero es hora de irse. Y Pusan no quería que me fuera. Mi próximo destino, y ya el último en Corea, era la isla de Jeju, a unos 300 kilómetros hacia el sur. Mi plan inicial ir en barco durante el fin de año. No pudo ser porque todos los barcos para esa semana ya iban llenos. Así que me tuve que conformar con ir en avión :(. Por suerte hay aerolíneas low cost que funcionan como en el sudeste asiático, pudiendo comprar un vuelo con un par de días de antelación por 30~40€. Mañana os cuento más de la isla.
25 de Enero de 2010 — Japón, Keio, Personal
Tengo frío. El invierno hace ya más de un més que llego, pero ahora tengo frío. Y aunque la semana pasada el termómetro llegase a marcar 18º, eso fue algo un poco excepcional, y en este momento en el exterior hace 8º y bajando… y yo no sé dónde meterme del frío que tengo.
En el laboratorio a nada que te descuides les da por apagar la calefacción, abrir las ventanas (aunque a veces las abren sin siquiera haber apagado antes la calefacción) y ponerse a trabajar con el abrigo puesto mientras se cuentan los últimos cotilleos del fin de semana. Afortunadamente esto sólo pasa por las tardes… porque por las mañanas no hay (casi) nadie.
La biblioteca tuvieron la magnífica idea de construirla a medias entre dos edificios, y como aquí todos los edificios tienen que estar separados por si llega un terremoto… pues para comunicar una zona con otra tienes que salir al aire libre. Afortunadamente hay puertas automáticas, pero cada vez que alguien atraviesa por ahí (separa la zona de lectura de la zona de fondos) sientes la corriente.
En la cafetería tampoco, porque la gente se sale a fumar a la terraza dejando la puerta abierta detrás suyo, aparte de que no es un lugar adecuado para estudiar porque la gente no habla en tono normal… bueno, como no pocas veces en la zona de lectura de la biblioteca.
Otra alternativa a considerar son los baños, porque aunque también tienen las ventanas abiertas, al menos la taza está a unos agradables 40º, y de esta forma si andas concentrado en los reports no necesitas siquiera perder el hilo cuando lleguen las necesidades fisiológicas.
Pero bueno, sabéis qué, me marcho a casa. Me dá igual que crean que me marcho a casa a dormir o a vaguear (como hacen ellos). En casa también se trabaja. Allí por lo menos tengo doble ventana (no por consideraciones térmicas, sino porque el tren pasa cerca), un aire acondicionado con bomba de calor y una carpeta alfombra eléctrica para calentarme los pies. Con eso me basta para ser feliz en este momento :).
Actualización: veo que no soy el único que tiene frío en Japón (breve y bonito, ¡merece la pena leérselo!)
24 de Enero de 2010 — Curiosidades, Viajes
Hay gente que cree que los chinos comen perro y gato en su dieta habitual. No sé si eso será así. Lo que sí puedo decir es que los coreanos comen perro. No es un plato habitual, pero tampoco excesivamente extraordinario.
La palabra coreana bosintang (보신탕) quiere decir “sopa vigorizante”, porque a la carne de perro se le atribuyen tales propiedades. Se la dan a los niños para que se hagan hombres fuertes, a las personas enfermas para que mejoren, y también me han contado que es buena para los problemas de garganta. Todo esto dicen que es por las hormonas que hay en la carne de perro. Podría ser, pero no creo que se hayan hecho muchos estudios al respecto.
No se encuentra en los restaurantes de las zonas más turísticas, pero basta ponerse a callejear un poquito o acercarse a los alrededores de algún mercado y preguntar sin reparo Bosintang? para que te guíen a uno. Así hice yo en el Yeongdeungpo Market (영등포시장). Nadie me puso cara rara, si acaso una risa pícara a la vez que me guiaron a un lugar normal en el que, en efecto, en la carta se podía pedir bosintang (보신탕) a un precio adecuado: 8000 Won (5€), incluyendo como es costumbre todo tipo de guarniciones en pequeños platitos y un café al acabar de comer.
Esa carne que veis ahí es perro. Había más, como diez o doce trozos, aunque las verduras hacen de camuflaje. El sabor no tiene nada especial, insípido incluso diría, aunque tiene algo característico que hace que si lo vuelves a comer lo reconozcas como carne de perro.
Para librarse de críticas, el gobierno de Corea decidió hace unos años quitarlo de la lista de ingredientes oficiales. Ahora está en un vacío legal. No está permitido, pero tampoco prohibido. A los occidentales puede parecernos algo terrible comerse un perro, pero es similar a lo que piensan los japoneses o coreanos (especialmente las chicas) cuando les hablas de lo delicioso que está el conejo al ajillo, porque se imaginan a un conejito blanco siedo frito y refrito con ajos en la sartén. En Corea distinguen a los perros que se comen de los que no se comen, y he llegado a ver una persona vendiendo carne de perro con un perro de mascota (por supuesto, vestido y con moños de colores). Podrá parecernos cruel, pero todo es cosa del choque cultural y de tratar de imponer nuestros principios éticos y morales a todo lo que vemos por ahí.
Después de comerlo, me fui a dar una vuelta por el mercado. Y encontré lo que no esperaba encontrarme. Un perro pelado y abierto dentro de un congelador. Después de mirarlo unos segundos, saqué la cámara y me dispuse a hacerle una foto. Mientras enfoco, justo antes de apretar el disparador, escucho un grito que me deja seco. Viene corriendo la encargada del puesto diciendo que nada de fotos. Me dejó más impresionado su grito de terror y pavor que la imagen del bicho congelado. No hice la foto.
Unos días más adelante, en Busan, tuve ocasión de acercarme por otro mercado. Y ahí ya sabía lo que buscaba. Sin esconder la cámara pero sin ser descarado pude hacer fotos a todo. Os las enseño. En las más duras pondré sólo el link, y que haga click quien quiera.
Los perros los venden como una mercancía más en la carnicería. Como si fueran patos, cabras o corderos. Y no sólo perros… gatos también (en la primera foto, los perros están enjaulados a la izquierda del cartel rojo).
El cartel anuncia lo que vende:
Carne de perro lista para cocinar (no Flickr click aquí).
Foto de perro abierto en congelador 1 (no Flickr click aquí)
Foto de perro abierto en congelador 2 (no Flickr click aquí)
Foto de perro abierto en congelador 3 (no Flickr click aquí)
Estuve hablando con la mujer dueña del congelador anterior. Curiosamente llevaba un perrito (mascota) en brazos. No hablaba inglés, pero podíamos comunicarnos. Entendía que hay gente que le parece repugnante, pero era su forma de ganarse la vida. Un perro entero tamaño mediano de los del congelador cuesta unos 50.000 won (30€), mientras que uno vivo grande ronda los 100.000 won (60€).
Yo no lo comería de forma habitual, pero probar la gastronomía local es parte del conocimiento de una cultura. Después de tomar cococrilo frito en Panamá y pescado crudo en Japón, no veía por qué no probar la sopa de perro coreana.
24 de Enero de 2010 — Citas y frases, Japón
Sin nada más que añadir, porque esta frase de Javi lo dice todo.
Con tatemae o sin él, Japón es así, y precisamente en eso consiste su encanto ¿no te parece? Pero creo que, a pesar de los formalismos y de la aparente frialdad, detrás hay verdaderos sentimientos. Una forma de sentir muy distinta a la nuestra.
¿Quién es Javi?, pues un tipo estupendo que, entre otras cosas, es capaz de cambiarse de ropa y ponerse un kimono en los aseos del Shinkansen.