Entradas escritas en septiembre de 2009 ↓

Artesanía en caramelo

En el centro comercial de la estación de trenes de al lado de mi casa vino hace un tiempo un hombre que se dedicaba a hacer caramelos. El stand no tenía gran cosa, con un fogón, un cazo y una plancha metálica se bastaba. Y con eso hacía virguerías. Los más sencillos, directamente sobre la plancha, derramando el caramelo poco a poco formando una figura. Al final le pone un par de chicles o lacasitos en los ojos, y listo. Por unos pocos cientos de ¥ puedes comerte al personaje de cómic que prefieras o a tu pokémon favorito.

Figuritas de caramelo

Pero son personajes planos. Los miras de lado y pierden toda la gracia. Si quieres algo más desarrollado también puedes, aunque te va a salir caro. Estos da pena comérselos, casi mejor guardarlos en una vitrina sellada para que no entren insectos (pff… algún día os hablaré de los insectos de esta tierra).

Figuritas de caramelo

Figurita de caramelo

Y después de todo esto, creo que yo sería feliz con una bola de caramelo sobre un palo. Un chupa chups artesanal, sin ojos.

Terremoto (II)

Otro terremoto que acabo de sentir. Este ha sido lateral, es decir, de ondas P. Tenía una botella al lado, y el agua se ha movido un cm o así de lado a lado. Muy flojito, apenas de magnitud 3.9, aunque donde estoy yo ha llegado a sentirse en grado 2 de la escala japonesa (estoy en el puntito azul en la zona sur de Tokyo).

En la misma habitación en la que estoy estaba reunido el profesor con tres o cuatro empresarios. Han seguido como si nada, a pesar de que en un terremoto de estos las ondas P pueden ser un preludio a las ondas S, más fuertes y destructoras.

Como me preguntó Arturo, tengo que enterarme de si tienen diferentes nombres para llamar a los terremotos en función de su energía o tipo. En castellano podría decirse que si subjetivamente no ocasiona daños es un temblor, pero si la arma buena entonces es un terremoto. Yo prefiero llamarlos terremotos, que así parece más de lo que en realidad es :P.

Cosas raras, curiosas y divertidas del sudeste asiático

Cuando sales de tu país es normal encontrarte con productos o ideas chocantes, a veces por el nombre y otras por la originalidad que tienen en inventarlos. Todas las fotos son originales, y sacadas durante alguno de mis viajes por el Sudeste Asiático.

Si de pequeños comíamos bocabits, y se supone que ocho de ellos hacen un bocabyte… ¿qué es entonces un GigaBite?. Puede que sean esas cosas que hay dentro del disco duro del ordenador, voy a probarlos… mmm… mis GigaBites saben a manzana.

Gigabite

Un sistema de cierre de puertas automático controlado por agua: cuanto más riegas las plantas, más rápido se cierran la puertas.

Curioso sistema de cierre de puertas

Bebidas para ponerse guapo/a. Coencima Q10rl#, Clorofila y colágeno. La de clorofila sólo te la venden si eres planta o un viejo verde.

Bebidas extrañas

Este Ronald McDonald’s no está rezando ni esperando a que te des la vuelta para hacerte un kancho. Como es tailandés así es como te agradecen que compres en su negocio.

Roland McDonald Tailandés

No hace falta que te lo imagines. Ya sabes dónde te lleva el chófer. (por cierto, mirad qué chula la planta hecha a partir de una botella que hay al lado)

De camino al Engaño

Compra tres y llévate uno. Lógico, los calzoncillos no se usan de tres en tres.

Oferta irrebatible

¿Do you wanna take anything?, Whatever is fine. Bebidas sorpresa para los que dudan.

Anywhing or whatever drinks

Supermercado KK. Adivina lo que te venden dentro.

Supermercado KK

A ver, alma de pollo, ¿quién crees que va a comprar “essence of chicken”?.

Alma de pollo

Babas, un producto en forma de harina y al que hay que añadirle algún líquido para hacerlo. ¿Qué pasará si nos metemos una cucharada de ese extraño polvo en la boca?

Babas para cocinar

Comida rápida.

Comida rápida

La virgen que se te aparece una vez al mes. No será a mi….

Virgen de la Regla

¡Menudas navidades! Lejos de casa, viajando con Isra y desayunando unos putos filipinos.

Puto Seko

Actualización: os pongo dónde fue tomada cada foto.

Gigabite: convini en Tailandia.
Puertas: norte de Patong Beach, Tailandia.
Bebidas belleza: otro convini en Tailandia.
McDonald: Patong Beach, en Tailandia.
Engaño: alrededores de Cebú, Filipinas.
Calzoncillos: centro comercial en Filipinas.
Bebidas sorpresa: convini en Malasia.
Supermercado: Kuala Lumpur, Malasia
Esencia de pollo: Singapur.
Babas: Little India, Singapur.
Comida rápida: Boracay, Filipinas.
Virgen: Bohol, Filipinas
Putos: tienda de productos filipinos en Hong Kong.

Bandar Seri Begawan

Un amigo llegó a decirme que esta ciudad tiene nombre de caballero Jedi. Puede ser, aunque el nombre en realidad significa “Ciudad, la bendecida”. Los habitantes normalmente se refieren a ella por sus siglas BSB o simplemente por Bandar, porque hace unos años su nombre era Bandar Brunei (Ciudad Brunei) porqhasta que al actual Sultán de Brunei se le antojó cambiarle el nombre.

La ciudad es la capital de Brunei, y el país tampoco se queda corto con el nombre oficial, que es Negara Brunei Darussalam y significa “Nación Brunei, Morada de la Paz”. El nombre de Brunei en sí mismo proviene del nombre de la Isla de Borneo, donde ocupa un minúsculo cachito porque también está compartida por Malasia e Indonesia. Es como si Andorra se llamase Iberia porque está en la península Ibérica.


Ver mapa más grande
He tenido la suerte de conocer muchos lugares a lo largo del mundo, paisajes naturales y urbanos de todo tipo, cada uno con sus peculiaridades, pero sin lugar a dudas puedo afirmar que este ha sido el lugar en el que más extraño me he sentido.

El país no está preparado para el turismo. La ciudad extranjera más cercana está a una distancia de entre cinco y diez horas, en autobús o en barco. La mejor forma de ir es en avión, pero pocas aerolíneas vuelan, está controlado por el gobierno para que no le quiten terreno a la aerolínea estatal Royal Brunei, a la que ya dedicaré un post. Sin embargo como el chollo del petróleo no les va a durar para siempre quieren empezar a incentivar el turismo desde ya mismo, y lo han estrenado abriendo el aeropuerto (¡esta semana!) a la aerolínea de bajo coste Air Asia, pero eso no estaba cuando yo llegué.

Volé desde la vecina ciudad malaya de Kota Kinabalu, y en el aeropuerto al hacer el chek-in me preguntaron por el motivo del viaje: “¿Vas a hacer escala o vives allí?”.  No me pusieron ningún problema por decir que iba de turismo, pero les resultó extraño.

Aterrizé en Brunei a las 6pm. Eso en este país se considera tarde, aunque aún no se haya puesto el Sol. La oficina de información turística estaba cerrada, y aunque la ciudad no queda muy lejos del aeropuerto (8km) y sólo viajaba con equipaje de mano no era cuestión de ponerse a andar y que me cayese la noche encima. Pregunté a un empleado de la aerolínea por la parada de autobús del aeropuerto, y después de llevarme de un lado a otro del aeropuerto no sé cómo acabé en el coche de un amigo suyo que me llevaría por la módica cantidad de 30 Dólares de Brunei (15€). Resulta que a partir de las 5 de la tarde los autobuses dejan de circular, y como me pedía lo mismo que los taxistas (sin posibilidad de regatear) no vi otra opción. Al final no resultó tan mal porque el hombre me dio una vuelta en coche por la ciudad y aproveché para hacerle preguntas.

El país es como una dictadura, con el todopoderoso Sultán de Brunei a la cabeza. Los ministerios, empresas gubernamentales, y cualquier cargo en el estado están copados por familiares y amigos suyos. Pero la gente vive feliz. No se pagan impuestos, la sanidad y educación es gratuita y se mantiene un cierto orden ciudadano por las calles, quizá ayude el que el alcohol está prohibido en todo el país. Oficialmente el estado es musulmán, pero se aceptan ciudadanos con otras religiones, es el segundo país con más cristianos (10%) de Asia después de Filipinas. Seguro que existe censura, pero apenas se ejerce porque la gente no se queja, los beneficios por vivir allí son mucho mayores que los posibles inconvenientes. Es el más claro ejemplo de jaula de oro que se pueda encontrar.

Dormía en el único alojamiento de la ciudad adaptado al viajero que no quiere gastarse mucho dinero. La noche fueron 15€, pero eso ya era la mitad que cualquier otro lugar en la ciudad. La capital en sí misma es pequeña. No llega a los 30.000 habitantes, pero dispone de construcciones megalómanas. Las avenidas son amplias y bien iluminadas aunque no las use mucha gente, tiene edificios acristalados de oficinas posiblemente vacías, parques cuidados y adornos florales por calles en las que nadie pasea, centros comerciales tan grandes como desiertos. Tiene 30.000 habitantes, pero no sé dónde se esconden. Mirad si no esta esplanada enorme dedicada al Sultán, abierta por todas partes, y Vacía.

Plaza del líder

Al llegar fui a cenar en el único restaurante que aún estaba abierto (a las 7 de la tarde), tenía hambre, pedí un plato de pasta frita con cordero y un zumo de zanahoria dulce (apenas fueron dos ó tres € entre las dos cosas), y me lo comí mientras chequeaba el mapa (recorte de una revista) que me habían proporcionado en el hostal.Y decidí hacer un poco de turismo nocturno. En 15 minutos había visto todo lo interesante, es decir la mezquita. No había nadie controlando la entrada, y no ponía nada (al menos en un lenguaje entendible) acerca de no pasar. Así que pasé. Una vez dentro ya sí que venía el típico símbolo de cámara tachada, y por respeto no tomé fotos desde dentro (y un poco de miedo porque no sabía cómo se tomarían una irreverencia en ese país)

Mezquita de Bandar Seri Begawan

La mezquita era preciosa. Cuidada al máximo. Limpieza extrema e iluminación a tope. Por fuera una cúpula de oro y un estanque de proporciones inmensas con un barco de piedra en el centro. Por dentro mármoles pulidos, fuentes y un grupo de hombres cantando el Corán en una esquina.

No había gran cosa que ver aparte de la mezquita, pero seguí dando vueltas por ahí. Vi alguna casa de madera construida sobre el mar, y puentes iluminados junto a una especie de paseo fluvial

Sea Town

Canal

No había nadie en la calle. En el rato que llevaba fuera ya me había cruzado tres o cuatro veces con los mismos pocos turistas que vienen, y apenas con ningún local. Al final encontré un centro comercial en el que todas las tiendas estaban abiertas pero no había nadie comprando. Sólo un hombre gordo y con bigote seguido más o menos cerca por varias personas con pinganillo y gafas de sol. No era el Sultán, lo comprobé mirando cualquier billete o moneda de la cartera. Me sentía muy extraño siendo observado por todos los dependientes (al menos no molestaban como en Tailandia) y los guardaespaldas en cuestión. Compré algo para desayunar la mañana siguiente y me fui al hostal, no merecía la pena quedarse más tiempo por ahí. El hostal tampoco parecía muy ocupado, no disponía de salas ni habitaciones comunes y sólo me crucé con un hombre mayor que parecía vivir en la habitación de al lado. Me acosté en mi habitación individual con la cabeza apuntando hacia la Meca y esperé que el nuevo día llegase.

Hacia la meca

Por la mañana me acerqué a la oficina de información turística que había en los bajos del hostal y la tarde anterior ya la había pillado cerrada. Entonces me di cuenta de que estaba abandonada. Así que me fui a dar un paseo por mi cuenta. Era mi único día en Brunei y tenía que aprovecharlo. Unas chicas chinas me saludaron en inglés y aproveché para preguntarles acerca de los lugares más interesantes que visitar por la zona. Me dijeron un montón, entre ellos tres centros comerciales, y cómo llegar a todos esos lugares en autobús público. Prefería ir andando. La ciudad de por sí es tan extraña que merece la pena ir andando.

Llegué a la orilla, y al otro lado del río o mar (no sé lo que era) adiviné una multitud de casitas de madera como la de la noche anterior. Era un ir y venir continuo de lanchas.

Sea Town

Alguna adivinó mi condición de turista y me ofreció un tour por varias decenas de dólares. Le dije que no, que me acercara al sea town y ya allí me movía por mí mismo entre las callecitas. Aceptó sin rechistar, diciéndome que entonces sería sólo 1 dólar. Sin duda acepté, pero no podía quedarme sin preguntar acerca de tamaño descuento sin siquiera haber regateado, y me explicó cómo funciona el sistema. La mayoría de la gente en Bandar Seri Begawan vive en el Sea Town, un poblado de casas de madera construído sobre el mar. Aunque muchos tienen barca, no siempre resulta cómodo sacarla para hacer algún recado a la ciudad, así que entre ellos se cobran la tarifa de 1 dólar para cruzarte los 200m que separan el poblado de la ciudad. Además, a los turistas les ofrecen tours porque a veces lo único que quieren es una visión rápida e integral de la zona, ya que están por unas pocas horas haciendo escala en el aeropuerto.

La Sea Town increíble. Cientos de casas construídas sobre el mar, con estrechas calles de madera a dos o tres metros sobre el agua en las que hay que tener cuidado cuando te cruzas con alguien, porque son estrechas y no tienen ningún tipo de protección. A veces incluso tienen maderos sueltos.

Sea Town

Sea Town

Entre las casitas hay de todo. Centros médicos, escuelas, policía y tiendas y restaurantes que no son mas que casas particulares con esa función. Distinto de lo que podría parecer, no es nada peligroso, apenas hay gente por las calles y los pocos que te encuentran te saludan con un movimiento de cabeza o los más jóvenes con un Hello. La gente no es pobre, no son pocas las casas con su parabólica, su TV plana y sistema de sonido.

Colegio del Sea Town

Colegio en Sea Town

Sea Town

De las cosas más contradictorias que me encontré es que la ciudad está llena de gatos. ¡Recuerdo que es una ciudad sobre el mar!. No me quiero imaginar a un pobre gato dando un paso en falso y cayendo al agua. Creo que perdería las siete vidas de golpe. Quizá no los gatos experimentados, pero sí los recién nacidos, por eso cuando aún son pequeños los encierran junto a la madre en cajas con comida y bebida. Si fuera gato tendría un miedo terrible a pasarme semanas en una reja con vistas al mar por el suelo :S.

Gato encerrado

Salí del poblado sobre el mar por otra mezquita y me fui a seguir visitando puntos de interés de la ciudad. A medio camino, en la puerta de un colegio con todos los niños uniformados saliendo de clases un hombre me saluda y se pone a hablar conmigo. Me cuenta su vida, que viene a recoger a los niños, y que si necesito ayuda en el país se lo diga. Le digo que no hace falta, que sólo estoy un par de días y de momento todo muy bien. Aún así se despide diciendo que a las siete de la tarde estará en la estación de autobuses (justo enfrente de mi hostal), por si cambio de opinión. Por supuesto que no me estuve cerca de la estación a esas horas.

Yo seguí con mi recorrido hasta que me encontré con la entrada a lo que parecía ser una bonita zona natural. Entré, y me encontré monos. ¡Qué monos!. Me cayeron bien y aunque eran un poco miedosos no rechazaban galletas y trozos de bollo que me sobraron del desayuno.

Monos en BSB

Después seguí camino adentro y vi cosas que no esperaba ver en medio de la ciudad, como una catarata y un recorrido de un par de kilómetros por medio de la jungla de Borneo, atravesando ríos embarrados y densa vegetación. El camino estaba marcado con cuerdas, pero no había nadie, y en algún momento llegué a asustarme por un rugido que sonó a lo lejos (luego resultó ser un altavoz).

Cascada

La jungla de Borneo

El día seguía, y volví a pasar delante del embarcadero. Un par de turistas me recomendaron coger un tour por el manglar, negocié el precio, lo bajé hasta menos de la mitad (10€) y para allá que fuimos. Genial sentirte en un río enorme dentro de la selva, meterte entre las raíces de los árboles y obedecer al guía quedándote quieto y callado, hasta que entre las ramas ve un mono narigudo, y te lo enseña. Es un bicho enorme, podría medir un metro de altura. Estaba lejos y comía tranquilamente, sabiendo que la densidad de vegetación nos impediría acercarnos más. Es una especie que sólo habita en la selva de Borneo, así que me encantó haber tenido esta ocasión para verlo en libertad.

Mono Narigudo (Proboscis)

A la vuelta seguimos callejeando entre el manglar e incluso pasamos junto al palacio del Sultán, donde vive él, su familia y su colección privada de más de 5000 coches. Echadle un ojo, merece la pena.

Palacio del Sultán de Brunei

Río de Borneo

Al final del todo, y como sobraba un rato del tiempo apalabrado, dimos una vuelta por la Sea Town, entre calles y casas de madera.

Ya atardecía, la ciudad me había dejado una muy buena impresión, quizá porque no me esperaba nada, no había leído ninguna guía ni ningún lugar especial que ver en Brunei. Fui a la aventura, a descubrir por mí mismo un lugar diferente (¡vaya que si diferente!), donde normalmente la gente no va de turismo, que se mantiene original con sus excentricidades. Tengo que hacer algún otro viaje en este plan… admito sugerencias y compañía si a todos nos pilla a mano (o no :P).

Una última foto para rematar, después de una de esas tormentas de verano que vienen y se van en una hora, la ciudad me despedía con luces y reflejos.

Centro comercial y Mezquita

De Narita a Hiyoshi

Actualización: Puede parecer muy complicado, pero lo que ocurre es que está muy detallado. La utilidad de este artículo ya ha sido avalada con dos visitas que, sin saber nada de Japonés, consiguieron llegar sanos y salvos a Hiyoshi sin perderse.

Este es un post-ayuda para todo aquel que quiera venir del aeropuerto de Narita a mi casa, en la estación de Hiyoshi. Agradecería correcciones y/o contribuciones de los que estáis por aquí (o habéis estado).

Si llegáis a Japón de Europa o América lo más probable es que lo hagáis en avión. Y llegar a Tokyo en avión desde overseas prácticamente supone que aterrizaréis en el aeropuerto de Narita (el otro aeropuerto de Tokyo, Haneda, es usado principalmente para vuelos nacionales).

Yo vivo al lado de la estación de Hiyoshi (日吉). El aeropuerto de Narita está 70km al norte de Tokyo, y Hiyoshi 20km al sur de Tokyo. Esto hace que desde el aeropuerto a mi casa haya más de 100km, atravesando el área metropolitana más grande del mundo. Es por ello que por cuestiones económicas y de tiempo resulta un poco inviable ir a recoger o despedir gente al aeropuerto, y en vez de eso es preferible esperar en un lugar intermedio.

El único medio de transporte directo que hay es el coche privado, taxi o helicóptero. Si venís de visita a Japón no creo que tengáis coche privado ni se os ocurrirá alquilar uno dada la increíble red de transporte público que tiene este país. El taxi andará por los 40.000¥ (300€), y el helicóptero roza lo delirante (~300.000¥), aunque si tenéis dinero para pagarlo no creo que tengáis problema para conseguir un permiso de aterrizaje en los campos de deporte de la Universidad de Keio.

Visto lo anterior, parece claro que hay que hacer trasbordo. Ahora hay varias opciones, con diferentes precios y tiempos:

A: 3h, 2 trasbordos, 1400¥
B: 2:30h, 2 trasbordos, 2320¥
C: 2:30h, 2 trasbordos, 3290¥ (210¥ con JR Pass)
D: 2h, 1 trasbordo, 4170¥ (190¥ con JR Pass)
E: 2h, 1 trasbordo complicado, 3690¥

Los itinerarios A y B son exactamente iguales. Sólo se diferencian en que en B te cobran un extra por coger el tren rápido. Pasaré a detallarlos más adelante. Sigue leyendo →

Terremoto

Acaba de ocurrir un terremoto flojito. Nada más que 4.5 grados en la escala Ritcher. Estaba en el ordenador arreglando los datos de unas simulaciones, cuando he notado una vibración como si alguien saltase a mi lado. Luego otra vez, así tres o cuatro veces. Obviamente no había nadie saltando. Todo se movía un poquito (flexos, perchero), e incluso se ha escuchado un leve crujido en la habitación.

Había otros tres japoneses en el laboratorio que ni se han inmutado (pueden comenzar flojos pero seguir más fuertes). Les he preguntado que si era un terremoto, y con toda la naturalidad del mundo me dicen que sí.

Yo estoy más o menos entre los dos puntitos verdes que se ven en la imagen. Cabe decir que me he enterado porque estaba parado sentado y todo estaba silencioso alrededor. Si no, ni me hubiera inmutado.

Pues nada, seguiremos esperando uno más interesante.

Vacaciones a la japonesa

Sigo de vacaciones. Pero como no está bien visto tomarse todas las vacaciones me tengo que aguantar un poco y seguir yendo al laboratorio cada día. No hago tantas horas como de costumbre, pero hacer presencia cada día es importante, sobre todo habiéndome tomado ya dos semanas y pensando tomarme otras tantas a mediados de mes porque recibo visita.

El caso es que para muchos japoneses (o al menos de los que estoy rodeado) el trabajo es lo más importante, y ahora mismo su trabajo es la universidad. Encima son pluriempleados dentro de la universidad. A la vez que estudian el Master/Doctorado pueden estar apuntados a una especie de asociación del gobierno de Japón, que al trabajar (investigar) para ella, si deciden hacer una estancia en el extranjero les pagan todos los gastos. Otra cosa que hacen es Job Hunting intenso, presentándose a un montón de empresas, que además les piden multitud de entrevistas, y si son aceptados están “obligados” a ir a sesiones de aprendizaje y eventos y fiestas que organice la empresa, todo esto desde un año y medio antes de acabar la carrera ¡!. En fin, que viven para la universidad, y esta tira cómica me viene como anillo al dedo:

Nunca se me olvidarán dos frases de mis compañeros japoneses acerca de este tema:

¿Por qué no trabajas más duro (eficientemente) ahora y luego te tomas todas las vacaciones?
Porque si acabo las cosas antes, luego me surgirán otras para hacer y no podré tomármelas igualmente.

Las vacaciones es como el resto del año, pero sin clases.

Más cosas. Estos días estoy organizando a los ¡4! que van a venir a visitarme. No sé dónde los voy a meter, pero van a venir. Subiremos hasta la cima del Fuji y haremos un recorrido de 3 ó 4 días por la zona de Japón que queda al norte de Tokyo (sin llegar a Hokkaido). También ando dándole vueltas a mis planes para las próximas vacaciones, en febrero-marzo, donde sí que me tomaré al menos un mes entero, para volver por España y hacer alguna “escapada”.

Y entre medias de una cosa y otra voy a tener que decidir mi futuro. Si me quiero quedar a trabajar en Japón debo empezar el Job Hunting ya mismo. Si quiero seguir con el doctorado después del master, bien en Japón o bien en cualquier otro sitio, en octubre-noviembre tendré que echar las solicitudes.

Mientras tanto esta semana ha pasado un tifón por encima de Tokyo, el lunes se tiró todo el día lloviendo de lado con ráfagas de viento hasta 100km/h.

Otra cosa que quizá hayáis notado que últimamente el blog está yendo más lento de lo normal, tanto que muchas veces ni siquiera puedo acceder para postear algo. Después de consultar con el servicio técnico me han dicho que es culpa de un vecino que tiene algún problema en su base de datos y consume todos los recursos (Isra, Marta, tranquilos que no sois vosotros, es un vecino desconocido que usa la misma empresa que yo para alojar su web). He llegado a ver el Server Load con un valor de 80 (para una máquina de 4 núcleos), aunque normalmente ha andado en torno a 40. Esto es una barbaridad, le están pidiendo al servidor 10 veces más trabajo del que puede soportar. A ver si lo arreglan pronto. Al vecino.

Y con estas os dejo. Volveré pronto, que tengo muchas fotos que subir (los que se pasen por mi cuenta de Flickr pueden ver un adelanto). Pues eso, ¡hasta pronto! (またね!)